Alumnos, instituciones y TICs
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Autor
Enzo Ferrante
Introducción
Educación, conocimiento, aprendizaje, alumnos, docentes... Instituciones. Son palabras llenas de significado para quienes verdaderamente están involucrados en tareas relacionadas con el ambiente educativo.
No hace falta describir la íntima relación que liga a estos conceptos, ya que mucho hay escrito sobre ello, pero sí creo necesario replantearme y preguntarme qué lleva al surgimiento de una institución alrededor de ellos, y entender qué rol cumple cada participante en este sistema; en especial, comprender el papel del alumno en la institución educativa. De este modo, podemos indagar acerca de diversos conceptos que estan hoy en tela de juicio, y acerca de los que muchos estudiosos de las Ciencias de la Educación se dedican a opinar.
Pero creo que no es necesario esperar a ser un pedagogo para emitir una opinión sobre este tópico, sino que la experiencia como alumno sumada a una previa investigación, permiten a una persona generar un juicio propio que es digno de ser transmitido. La trasmisión de ideas permite que el conocimiento fluya y exista, que se apodere de su propia esencia y derribe las barreras físicas y (anti)sociales que lo encierran y lo sofocan. A pesar de que solo represento en mis decires mi visión personal (alcanzada por miles de transformaciones de autores anónimos), prefiero exponer las ideas, porque estas me preceden y siempre es más valioso sumar una gota más al caudaloso torrente de los pensamientos humanos que encerrar nuestra voz en el calobozo de los silencios egoistas y los pseudo-gurúes herméticos.
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El análisis que expondré a continuación, pretende transmitir mi visión particular (la visión de un alumno) acerca del rol que debemos cumplir en las instituciones, pero también, informar acerca del papel que podemos cumplir según la forma en que hoy nos están educando.
Los alumnos: Pilares de la institución educativa
Si alguien nos preguntara en este momento ¿Es necesario conformar una institución para llevar a cabo el acto de educar?, seguramente responderíamos "Sí, claro que sí". Dado que para la mayoría de las personas dicho acto se produce en la escuela o la Universidad (las cuales son claramente instituciones educativas), doy por sentado que ésta idea estará instaurada en el pensamiento colectivo. Pero si nos ponemos a pensarlo detenidamente, el hecho de que el aprendizaje se lleve a cabo en Instituciones educativas, permite que se obtengan algunos beneficios.
En mi opinión (la cual obviamente conlleva una cuota de subjetividad), entre los muchos fines que persigue la fundación de una institución educativa, uno de los más importantes es (o debería ser) el de nuclear un grupo de alumnos que poseen un fin en común: adquirir un nuevo conocimiento que hasta ahora no poseen, valiéndose de la ayuda de un docente facilitador capacitado en el área afín a dicho conocimiento.
Al ser una cantidad importante de personas que persiguen el mismo objetivo, el aprendizaje se torna más ameno y participativo que en el caso en que solo una participa del proceso, logrando así generar una diversidad de puntos de vista que enriquecen al trabajo. De esta manera, miramos a las instituciones educativas como generadoras de comunidades o grupos sociales, que toman como pilares a los alumnos. Viendo las cosas de este modo, sería lógico que quienes son las bases de esta estructura, participaran activamente tanto en la organzación como en la puesta en práctica de todo aquello que le compete; aunque si nos remitimos tanto a la historia de las instituciones educativas como a la actualidad, nos daremos cuenta de que existen hechos que difieren de esta visión.
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La relación histórica alumno-institución
Para plantear un disparador acerca de este tópico, me gustaria citar al Dr. Adrián Paenza, quién en su libro "Matemática... ¿Estás ahi?" escribió:
"Supongamos que un cirujano de principios de siglo XX, fallecido alrededor de 1920, se despertara hoy y fuera trasladado al quirófano de un hospital moderno (...). Supongamos que en la cama de operaciones hay un cuerpo anesteciado al que estan operando con la tecnología actual más moderna. ¿Qué haría el tal cirujano? ¿Qué sensaciones tendría? Claramente el cuerpo de un humano no cambió. En ese lugar no habría problemas. El problema lo encontraría en las "técnicas quirúrgicas"; el "aparataje" (...). Eso sí sería una diferencia. Posiblemente, el viejo cirujano se quedaría "admirado" de lo que ve y completamente "fuera del circuito". (...)
Ahora cambiemos de profesión. Supongamos que en lugar de un cirujano que vivió y murió en el primer cuarto del siglo XX, resusitamos a un maestro de esos tiempos. Y lo llevamos (...) a una una escuela. ¿Tendría problemas de comprensión? ¿Entendería de lo que están hablando? ¿Comprendería las dificultades que presentan los alumnos? (...) Posiblemente, la respuesta es que sí, que el maestro de otros tiempos no tendría problemas en entender (...).
MORALEJA: La tecnología cambió mucho el abordaje de ciertas disciplinas, pero no tengo claro que lo mismo se haya producido en los métodos y programas de enseñanza. Mi duda es: si elegimos no cambiar nada no hay problemas. Si evaluamos que lo que se hace desde hace un siglo es lo que queremos hacer hoy, no hay críticas. Pero si lo que hacemos hoy es lo mismo que hace un siglo, porque lo revisamos poco o lo consensuamos menos, hay algo que funciona mal. Y vale la pena cuestionarlo"
Por supuesto que vale la pena cuestionarlo, y de hecho, debemos hacerlo. Pero el acto de generar una crítica que imponga cambios en nuestras instituciones y nuestro sistema educativo, no debe quedar reducido solo a nuestros gobernantes, directivos y docentes; debe existir el espacio para que, aquellos alumnos que tengan idéas nuevas o sugerencias propias, puedan presentarlas frente a los demás para que éstas sean atendidas y puestas en práctica. Y si es necesario generar un estímulo en los alumnos para que comiencen a ser críticos y partícipes de su propia educación, pues entonces será necesario hacerlo.
¿Quiénes más indicados que los alumnos para informar a la población educativa aquellas cosas que les parece que no funcionan?
Retomando el texto del Dr. Paenza, podemos darnos una idea de la situación por la que pasó la educación en nuestro país y del estancamiento que se produjo en cuanto a la innovación en este campo.
Pero me gustaría analizar un poco más de fondo la situación histórica que fueron atravesando las instituciones eduactivas en Argentina, e ir planteando un paralelismo respecto del papel que los alumnos fueron cumpliendo con el pasar de los años.
Si nos remitimos a las primeras instituciones educativas que funcionaron en nuestro país, tenemos que pensar en aquellas que dependían de las iglesias: centrales del conocimiento del siglo XII y XIII, en las que la iglesia concentraba información y la difundía solo entre una elite obviamente seleccionada de acuerdo a su posición social. Está claro que aquí, quienes estaban interesados en cursar sus estudios, tenían tan poca participación en la organización y la toma de decisiones de la institución, y que en la mayoría de las ocasiones ni siquiera tenían la posibilidad de ingresar (ya que como afirmamos anteriormente, solo un sector estaba habilitado para hacerlo).
Con el paso de los años, se produjeron sucesivos cambios de sistemas gubernamentales en la Argentina, y el sistema educativo no estubo ajeno a dichas modificaciones: el sector privilegiado que podía acceder a los estudios, comenzó a expandirse (sin dejar de ser acotado). Las iglesias comenzaron a descentralizar el poder y las escuelas y universidades depedientes del estado comenzaron a ganar terreno. Los alumnos ya no eran instruídos por sacerdotes, sino que ahora eran nuevos docentes (con modelos pedagógicos "novedosos") quienes se encargaban de enseñarles. Los métodos de enseñanza, basados en técnicas memoristas y puramente conductictas, llevaban a los alumnos a desear no confundirse en el recitado de la lección del día, ya que sino serían sometidos a castigos físicos tales como "la vara" o cosas del mismo estilo.
De este modo, es fácil imaginar el grado de compromiso que tendría el alumno con la institución a la que pertenecía: 0. ¿Quién puede comprometerse e involucrarse con un grupo de gente que te castiga si cometes un error, por mas inofensivo que este sea?
Luego de este periodo de educación "normalizadora" que buscaba en sus alumnos a seres "indefectuosos" que, por ejemplo, no cometieran el "gravísimo error" de escribir con la mano izquierda, nuestras instituciones educativas fueron cambiando el rumbo de sus objetivos. Dejando un poco de lado los ideales elitistas en cuanto a quienes percibían el beneficio de ser educados, comenzaron a expandir sus horizontes, fundando más escuelas y universidades, e incluyendo más alumnos. De este modo, aunque no estaba garantizado el acceso para todos, sí se había ampliado dicha posibilidad. Pero de todas maneras, nadie permitía a los alumnos generar una crítica en cuanto a la enseñanza que recibían.
Fue un poco más adelante en nuestra historia, cuando los movimientos estudiantiles comenzaron a ganar terreno, y las Asociaciones Estudiantiles Universitarias empezaron a plantear sus propios problemas y a sugerir sus propias soluciones. Pero la subordinación al poder directivo siempre existió, y de hecho, en la actualidad se percibe. El nivel en que los alumnos se han ido involucrando en el quehacer diario de las instituciones a través de los años, posee un perceptible aumento, pero lamentablemente difiere cuando pasamos de un nivel educativo a otro.
El nivel medio: ¿Alumnos que no se involucran o docentes que no los motivan?
Ya sea por el grado de madurez, la falta de motivación por parte de los docentes, la falta de espíritu crítico, el déficit de conocimiento u otros motivos particulares, los alumnos del nivel medio de nuestro sistema educativo, no tienden a involucrarse en la organización y el funcionamiento de la institución educativa a la que pertencen. Pero este punto merece ser analizado detenidamente: ¿Cuál es el motivo que lleva a los alumnos a no interesarse en aquella institución que, teóricamente, está brindándoles los conocimientos necesarios para construir un futuro diferente?
Para comenzar el debate, me gustaría plantear una experiencia particular. En mi caso, tuve la oportunidad (junto a mis compañeros) de involucrarme y plantear mis ideas y las de ellos frente a los docentes y directivos de turno en mi escuela. Luego de haber mantenido una serie de reuniones con ellos, supusimos que estaban interesados en nuestra propuesta (al menos era lo que daban a entender) y que querrían llevarla a cabo. Ésta era, básicamente, una modificación en el plan de estudios de la tecnicatura a la que pertenecíamos, introduciendo nuevos contenidos, modificando algunos existentes, generando nuevas metodologías de enseñanza y, principalmente, apuntando a mejorar el nivel de la enseñanza que se nos brindaba. Como dije anteriormente, parecia haber algo de interés en nuestros docentes, pero lamentablemente, luego de egresar de la escuela, nos dimos cuenta de que ese interés era un tanto ficticio. Así, valiéndose de pretextos tales como "falta de capacitación", "falta de equipos", etc, nuestros docentes decidieron que no era necesario ese cambio, y que las cosas seguirían como estaban, "hasta nuevo aviso".
Creo que, a raiz de la lectura de esta experiencia, habrán entendido lo que quiero expresar: una de las caras del problema disparador planteado en el comienzo, es (a veces) el des-interés de algunos docentes o directivos. Pero no podemos atribuir la falta de compromiso de los alumnos con su aprendizaje a los profesores, ya que en la mayoría de los casos, el alumnado no genera una opinión crítica que pueda ser evaluada por el plantel directivo-docente. Entonces, podemos comezar a formar una solución, aceptando que no existen “culpables�? e “inocentes�? en este juicio que planteamos, sino que son solo actores que están involucrados en él. Pero también, necesitamos que estos participantes interactúen entre sí: es allí donde se encuentra la solución que buscamos, en la interacción alumno-docente.
Es ésta quien permite el intercambio de ideas, la formulación de proyectos, la generación de críticas y, en especial, la participación que estamos buscando. Si el docente logra encender en sus alumnos el espíritu crítico que los incentiva a participar e involucrarse en la toma de decisiones que compete a su institución, y a su vez, los alumnos son capaces de generar propuestas atractivas para ser implementadas, estaremos en presencia de una posible solución al problema planteado.
Todo cambio es traumático y como tal cuesta tiempo e insume esfuerzo, pero sin ellos, los procesos se estancan y la creatividad e innovación se obstruyen.
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